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Licenciado en ciencias sociales Graduado:Universidad Simon Bolivar.
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lunes, 2 de septiembre de 2013

Valor de la tolerancia.


La tolerancia es la expresión más clara del respeto por los demás, y como tal es un valor fundamental para la convivencia pacífica entre las personas. Tiene que ver con el reconocimiento de los otros como seres humanos, con derecho a ser aceptados en su individualidad y su diferencia. El que es tolerante sabe que si alguien es de una raza distinta de la suya o proviene de otro país, otra cultura, otra clase social, o piensa distinto de él, no por ello es su rival o su enemigo.

Viviendo el valor

Pongámonos en el lugar de los otros para tratar de entender sus problemas y su manera de actuar.
Escuchemos sin interrumpir y demos a los demás la oportunidad de expresarse.
Veamos en la diversidad de razas y culturas una señal de riqueza y amplitud del mundo, en lugar de motivos de desconfianza.


jueves, 15 de agosto de 2013

Valor del mes: la iniciativa.


 Niños y niñas de 4,5 y 6  grado de primaria para el próximo jueves 22 de agosto deberán traer el cuento:
La aventura de Lorenzo.
Realizaremos algunas actividades con él.

martes, 30 de abril de 2013

CONSIGNA TIPOLOGÍA TEXTUAL


                                                                                  

Tipología Textual: Textos continuos o discontinuos (no continuos).

Área: Lengua Castellana          Consigna 5º          Elaborado por: Dexter Tulio Cabrera Ortega.

Objetivo: Conocer las características de los diferentes tipos de textos escritos como medio de comunicación.

Ya conoces las características de los diferentes tipos de textos:  Los textos continuos son  los que están compuestos  por oraciones incluidas en párrafos sucesivos que se hallan dentro de estructuras  más amplias tales como secciones ,capítulos, etc. Es decir, se trata de textos que presentan la información de forma secuenciada y progresiva. Los   textos discontinuos son  aquellos que no siguen la estructura secuenciada y progresiva durante su desarrollo; se trata de listas, cuadros, gráficos, diagramas, tablas, mapas, etc. En estos textos, la información se presenta  organizada, pero no necesariamente  secuenciada ni de forma progresiva. La comprensión  de estos textos requiere del uso de estrategias de lectura no lineal que propician  la búsqueda de interpretación de la información  de forma más global e interrelacionada.

Con un compañero(a) escoge él tipo de texto a trabajar continuo o discontinuos (el cuento, la  crónica, la  noticia, la pauta publicitaria entre otras) y elabora un ejemplo del mismo. Indica las características del texto escogido.
 Con base en la información recolectada realiza las siguientes actividades:
Tareas obligatorias: (En ternas)
Con base en la información recolectada elabora el siguiente  texto: el resumen, (Tema libre)  presentado en times new roman, tamaño 12.

Tareas opcionales: (En ternas)
A través de los siguientes productos de aprendizaje presenta los diferentes tipos de textos:
a)       Una cartelera.
b)       Una biografía.
c)       Un afiche.
d)       Un esquema.
e)       Un poema.
f)        Un cuento.
g)       Una pauta publicitaria.

Este trabajo debe ser realizado  en su totalidad en el Colegio  y entregado el día 23   de mayo  del 2013.

Criterios de evaluación:
   Categoría
90-100
80-89
70-79
1-69
Total




Ideas y Contenido
El escrito es claro, enfocado e interesante. Mantiene la atención del lector. El tema o historia central se enriquece con  detalles relevantes.
El escrito es claro y enfocado; sin embargo, el resultado general puede no captar la atención.
El escrito es poco claro y no enfocado en los aspectos relevantes, carece de una idea o propósito central.
El escrito carece de una idea o propósito central. El lector se ve forzado a hacer inferencias basándose en detalles muy incompletos




Organización




La estructura organizacional establece relaciones entre ideas/eventos.
La estructura organizacional establece relaciones entre ideas/eventos aunque puede haber algunos errores.
La estructura organizacional establece algunas relaciones entre algunas ideas/eventos. La estructura es completa a nivel
La estructura organizacional no establece relaciones entre ideas/eventos. La estructura general es incompleta o confusa.



Elección de Palabras



Presenta un uso eficaz de vocabulario que es preciso y adecuado.
Presenta un uso razonable de vocabulario que es preciso y adecuado.
Presenta un uso mínimo de vocabulario que es preciso y adecuado
Carece de un vocabulario preciso y adecuado.






Convenciones



El escritor demuestra una buena comprensión de los estándares y convenciones de la escritura (por ejemplo: gramática, utilización de mayúsculas, puntuación, utilización adecuada del lenguaje, ortografía, construcción de párrafos, etc.) y los usa efectivamente para mejorar la facilidad de lectura. Los errores tienden a ser muy pocos y de menor importancia, al punto que el lector fácilmente puede pasarlos por alto, a menos que los busque específicamente.
Presenta un control razonable de convenciones gramaticales  apropiadas para la actividad de escritura: la estructura de oraciones, uso estándar que incluye concordancia, tiempos verbales y casos, uso de convenciones como el uso de mayúsculas, puntuación y ortografía.
Hay numerosos y repetidos errores en la utilización adecuada del lenguaje, en la estructura de las oraciones, en la ortografía o la puntuación que distraen al lector y hacen el texto difícil de leer. De hecho, la gravedad y frecuencia de los errores tiende a ser tan notoria que el lector encontrará mucha dificultad para concentrarse en el mensaje y debe releerlo para entender.
Carece de un control  de convenciones gramaticales  apropiadas para la actividad de escritura: la estructura de oraciones, uso estándar que incluye concordancia, tiempos verbales y casos, uso de convenciones como el uso de mayúsculas, puntuación y ortografía.


Un momento especial para compartir con mamá.







miércoles, 24 de abril de 2013

CELEBRACIÓN DEL DÍA DEL NIÑO

Muchas felicidades a todos y cada uno de los niños del mundo y en especial a los niños del Colegio Hebreo Unión. La institución se hizo presente con una función de títeres en el auditorio, por parte de luneta 50 presentando "Que monstruo ni que monstruo".
 La consigna es: Cuidemos a nuestros niños y niñas.








Celebración del Día del Idioma

En esta ocasión presentamos algunas fotografías de las diferentes actividades realizadas en la celebración del Día del Idioma.




viernes, 12 de abril de 2013

Barranquilla bicentenaria: La ciudad de todos y para todos.

Barranquilla la cuidad de brazos abiertos, acogedora y trabajadora.
Aquí algunas frases que identifican al barraquillero:

!Va pa esa! - a noñi - Tronco e bollo uuf - !aja mija! - nombe que hueso -
Sí, como no, moñito - ya pa que - algo es algo, peor es nada - tronco e vieja.

martes, 19 de marzo de 2013

EL PLACER DE LEER Y ESCUCHAR.

Encontrarán a continuación algunos cuentos  clásicos infantiles, espero que sean de su agrado.


Una hoja del cielo
Hans Christian Andersen (1805 - 1875)



A gran altura, en el aire límpido, volaba un ángel que llevaba en la mano una flor del jardín del Paraíso, y al darle un beso, de sus labios cayó una minúscula hojita, que, al tocar el suelo, en medio del bosque, arraigó en seguida y dio nacimiento a una nueva planta, entre las muchas que crecían en el lugar.

-¡Qué hierba más ridícula! -dijeron aquéllas.

Y ninguna quería reconocerla, ni siquiera los cardos y las ortigas.

-Debe de ser una planta de jardín -añadieron, con una risa irónica, y siguieron burlándose de la nueva vecina; pero ésta venga crecer y crecer, dejando atrás a las otras, y venga extender sus ramas en forma de zarcillos a su alrededor.

-¿Adónde quieres ir? -preguntaron los altos cardos, armados de espinas en todas sus hojas-. Dejas las riendas demasiado sueltas, no es éste el lugar apropiado. No estamos aquí para aguantarte.

Llegó el invierno, y la nieve cubrió la planta; pero ésta dio a la nívea capa un brillo espléndido, como si por debajo la atravesara la luz del sol. En primavera se había convertido en una planta florida, la más hermosa del bosque.

Vino entonces el profesor de Botánica; su profesión se adivinaba a la legua. Examinó la planta, la probó, pero no figuraba en su manual; no logró clasificarla.

-Es una especie híbrida -dijo-. No la conozco. No entra en el sistema.

-¡No entra en el sistema! -repitieron los cardos y las ortigas. Los grandes árboles circundantes miraban la escena sin decir palabra, ni buena ni mala, lo cual es siempre lo más prudente cuando se es tonto.



Se acercó en esto, bosque a través, una pobre niña inocente; su corazón era puro, y su entendimiento, grande, gracias a la fe; toda su herencia acá en la Tierra se reducía a una vieja Biblia, pero en sus hojas le hablaba la voz de Dios: «Cuando los hombres se propongan causarte algún daño, piensa en la historia de Jo sé: pensaron mal en sus corazones, mas Dios lo encaminó al bien. Si sufres injusticia, si eres objeto de burlas y de sospechas, piensa en Él, el más puro, el mejor, Aquél de quien se mofaron y que, clavado en cruz, rogaba:

"¡Padre, perdónalos, que no saben lo que hacen!"».

La muchachita se detuvo delante de la maravillosa planta, cuyas hojas verdes exhalaban un aroma suave y refrescante, y cuyas flores brillaban a los rayos del sol como un castillo de fuegos artificiales, resonando además cada una como si en ella se ocultase el profundo manantial de las melodías, no agotado en el curso de milenios. Con piadoso fervor contempló la niña toda aquella magnificencia de Dios; torció una rama para poder examinar mejor las flores y aspirar su aroma, y se hizo luz en su mente, al mismo tiempo que sentía un gran bienestar en el corazón. Le habría gustado cortar una flor, pero no se decidía a hacerlo, pues se habría marchitado muy pronto; así, se limitó a llevarse una de las verdes hojas que, una vez en casa, guardó en su Biblia, donde se conservó fresca, sin marchitarse nunca.

Quedó oculta entre las hojas de la Biblia; en ella fue colocada debajo de la cabeza de la muchachita cuando, pocas semanas más tarde, yacía ésta en el ataúd, con la sagrada gravedad de la muerte reflejándose en su rostro piadoso, como si en el polvo terrenal se leyera que su alma se hallaba en aquellos momentos ante Dios.

Pero en el bosque seguía floreciendo la planta maravillosa; era ya casi como un árbol, y todas las aves migratorias se inclinaban ante ella, especialmente la golondrina y la cigüeña.

-¡Esto son artes del extranjero! -dijeron los cardos y lampazos-. Los que somos de aquí no sabríamos comportarnos de este modo.

Y los negros caracoles de bosque escupieron al árbol.

Vino después el porquerizo a recoger cardos y zarcillos para quemarlos y obtener ceniza. El árbol maravilloso fue arrancado de raíz y echado al montón con el resto:

-Que sirva para algo también -dijo, y así fue.

Mas he aquí que desde hacía mucho tiempo el rey del país venía sufriendo de una hondísima melancolía; era activo y trabajador, pero de nada le servía; le leían obras de profundo sentido filosófico y le leían, asimismo, las más ligeras que cabía encontrar; todo era inútil. En esto llegó un mensaje de uno de los hombres más sabios del mundo, al cual se habían dirigido. Su respuesta fue que existía un remedio para curar y fortalecer al enfermo: «En el propio reino del Monarca crece, en el bosque, una planta de origen celeste; tiene tal y cual aspecto, es imposible equivocarse». Y seguía un dibujo de la planta, muy fácil de identificar: «Es verde en invierno y en verano. Coged cada anochecer una hoja fresca de ella, y aplicadla a la frente del Rey; sus pensamientos se iluminarán y tendrá un magnífico sueño que le dará fuerzas y aclarará sus ideas para el día siguiente».

La cosa estaba bien clara, y todos los doctores, y con ellos el profesor de Botánica, se dirigieron al bosque. Sí; mas, ¿dónde estaba la planta?

-Seguramente ha ido a parar a mi montón -dijo el porquero y tiempo ha está convertida en ceniza; pero, ¿qué sabía yo?

-¿Qué sabías tú? -exclamaron todos-. ¡Ignorancia, ignorancia! -. Estas palabras debían llegar al alma de aquel hombre, pues a él y a nadie más iban dirigidas.

No hubo modo de dar con una sola hoja; la única existente yacía en el féretro de la difunta, pero nadie lo sabía.

El Rey en persona, desesperado, se encaminó a aquel lugar del bosque.

-Aquí estuvo el árbol -dijo-. ¡Sea éste un lugar sagrado!

Y lo rodearon con una verja de oro y pusieron un centinela. El profesor de Botánica escribió un tratado sobre la planta celeste, en premio del cual lo cubrieron de oro, con gran satisfacción suya; aquel baño de oro le vino bien a él y a su familia, y fue lo más agradable de toda la historia, ya que la planta había desaparecido, y el Rey siguió preso de su melancolía y aflicción.

-Pero ya las sufría antes -dijo el centinela.





El hombre de nieve
Hans Christian Andersen (1805 - 1875)




-¡Cómo cruje dentro de mi cuerpo! ¡Realmente hace un frío delicioso! -exclamó el hombre de nieve-. ¡Es bien verdad que el viento cortante puede infundir vida en uno! ¿Y dónde está aquel abrasador que mira con su ojo enorme?

Se refería al Sol, que en aquel momento se ponía.

-¡No me hará parpadear! Todavía aguanto firmes mis terrones.

Le servían de ojos dos pedazos triangulares de teja. La boca era un trozo de un rastrillo viejo; por eso tenía dientes.

Había nacido entre los hurras de los chiquillos, saludado con el sonar de cascabeles y el chasquear de látigos de los trineos.

Acabó de ocultarse el sol, salió la Luna, una Luna llena, redonda y grande, clara y hermosa en el aire azul.

-Otra vez ahí, y ahora sale por el otro lado -dijo el hombre de nieve. Creía que era el sol que volvía a aparecer-. Le hice perder las ganas de mirarme con su ojo desencajado. Que cuelgue ahora allá arriba enviando la luz suficiente para que yo pueda verme. Sólo quisiera saber la forma de moverme de mi sitio; me gustaría darme un paseo. Sobre todo, patinar sobre el hielo, como vi que hacían los niños. Pero en cuestión de andar soy un zoquete.

-¡Fuera, fuera! -ladró el viejo mastín. Se había vuelto algo ronco desde que no era perro de interior y no podía tumbarse junto a la estufa-. ¡Ya te enseñará el sol a correr! El año pasado vi cómo lo hacía con tu antecesor. ¡Fuera, fuera, todos fuera!

-No te entiendo, camarada -dijo el hombre de nieve-. ¿Es acaso aquél de allá arriba el que tiene que enseñarme a correr?

Se refería a la luna.

-La verdad es que corría, mientras yo lo miraba fijamente, y ahora vuelve a acercarse desde otra dirección.

-¡Tú qué sabes! -replicó el mastín-. No es de extrañar, pues hace tan poco que te amasaron. Aquello que ves allá es la Luna, y lo que se puso era el Sol. Mañana por la mañana volverá, y seguramente te enseñará a bajar corriendo hasta el foso de la muralla. Pronto va a cambiar el tiempo. Lo intuyo por lo que me duele la pata izquierda de detrás. Tendremos cambio.

«No lo entiendo -dijo para sí el hombre de nieve-, pero tengo el presentimiento de que insinúa algo desagradable. Algo me dice que aquel que me miraba tan fijamente y se marchó, al que él llama Sol, no es un amigo de quien pueda fiarme».

-¡Fuera, fuera! -volvió a ladrar el mastín, y, dando tres vueltas como un trompo, se metió a dormir en la perrera.

Efectivamente, cambió el tiempo. Por la mañana, una niebla espesa, húmeda y pegajosa, cubría toda la región. Al amanecer empezó a soplar el viento, un viento helado; el frío calaba hasta los huesos, pero ¡qué maravilloso espectáculo en cuanto salió el sol! Todos los árboles y arbustos estaban cubiertos de escarcha; parecían un bosque de blancos corales. Se habría dicho que las ramas estaban revestidas de deslumbrantes flores blancas. Las innúmeras ramillas, en verano invisibles por las hojas, destacaban ahora con toda precisión; era un encaje cegador, que brillaba en cada ramita. El abedul se movía a impulsos del viento; había vida en él, como la que en verano anima a los árboles. El espectáculo era de una magnificencia incomparable. Y ¡cómo refulgía todo, cuando salió el sol! Parecía que hubiesen espolvoreado el paisaje con polvos de diamante, y que grandes piedras preciosas brillasen sobre la capa de nieve. El centelleo hacía pensar en innúmeras lucecitas ardientes, más blancas aún que la blanca nieve.




-¡Qué incomparable belleza! -exclamó una muchacha, que salió al jardín en compañía de un joven, y se detuvo junto al hombre de nieve, desde el cual la pareja se quedó contemplando los árboles rutilantes.

-Ni en verano es tan bello el espectáculo -dijo, con ojos radiantes.

-Y entonces no se tiene un personaje como éste -añadió el joven, señalando el hombre de nieve- ¡Maravilloso!

La muchacha sonrió, y, dirigiendo un gesto con la cabeza al muñeco, se puso a bailar con su compañero en la nieve, que crujía bajo sus pies como si pisaran almidón.

-¿Quiénes eran esos dos? -preguntó el hombre de nieve al perr -. Tú que eres mas viejo que yo en la casa, ¿los conoces?

-Claro -respondió el mastín-. La de veces que ella me ha acariciado y me ha dado huesos. No le muerdo nunca.

-Pero, ¿qué hacen aquí? -preguntó el muñeco.

-Son novios -gruñó el can-. Se instalarán en una perrera a roer huesos. ¡Fuera, fuera!

-¿Son tan importantes como tú y como yo? -siguió inquiriendo el hombre de nieve.

-Son familia de los amos -explicó el perro-. Realmente saben bien pocas cosas los recién nacidos, a juzgar por ti. Yo soy viejo y tengo relaciones; conozco a todos los de la casa. Hubo un tiempo en que no tenía que estar encadenado a la intemperie. ¡Fuera, fuera!

-El frío es magnífico -respondió el hombre de nieve-. ¡Cuéntame, cuéntame! Pero no metas tanto ruido con la cadena, que me haces crujir.

-¡Fuera, fuera! -ladró el mastín-. Yo era un perrillo muy lindo, según decían. Entonces vivía en el interior del castillo, en una silla de terciopelo, o yacía sobre el regazo de la señora principal. Me besaban en el hocico y me secaban las patas con un pañuelo bordado. Me llamaban «guapísimo», «perrillo mono» y otras cosas. Pero luego pensaron que crecía demasiado, y me entregaron al ama de llaves. Fui a parar a la vivienda del sótano; desde ahí puedes verla, con el cuarto donde yo era dueño y señor, pues de verdad lo era en casa del ama. Cierto que era más reducido que arriba, pero más cómodo; no me fastidiaban los niños arrastrándome de aquí para allá. Me daban de comer tan bien como arriba y en mayor cantidad. Tenía mi propio almohadón, y además había una estufa que, en esta época precisamente, era lo mejor del mundo. Me metía debajo de ella y desaparecía del todo. ¡Oh, cuántas veces sueño con ella todavía! ¡Fuera, fuera!

-¿Tan hermosa es una estufa? -preguntó el hombre de nieve ¿Se me parece?

-Es exactamente lo contrario de ti. Es negra como el carbón, y tiene un largo cuello con un cilindro de latón. Devora leña y vomita fuego por la boca. Da gusto estar a su lado, o encima o debajo; esparce un calor de lo más agradable. Desde donde estás puedes verla a través de la ventana.

El hombre de nieve echó una mirada y vio, en efecto, un objeto negro y brillante, con una campana de latón. El fuego se proyectaba hacia fuera, desde el suelo. El hombre experimentó una impresión rara; no era capaz de explicársela. Le sacudió el cuerpo algo que no conocía, pero que conocen muy bien todos los seres humanos que no son muñecos de nieve.

-¿Y por qué la abandonaste? -preguntó el hombre. Algo le decía que la estufa debía ser del sexo femenino-. ¿Cómo pudiste abandonar tan buena compañía?

-Me obligaron -dijo el perro-. Me echaron a la calle y me encadenaron. Había mordido en la pierna al señorito pequeño, porque me quitó un hueso que estaba royendo. ¡Pata por pata!, éste es mi lema. Pero lo tomaron a mal, y desde entonces me paso la vida preso aquí, y he perdido mi voz sonora. Fíjate en lo ronco que estoy: ¡fuera, fuera! Y ahí tienes el fin de la canción.

El hombre de nieve ya no lo escuchaba. Fija la mirada en la vivienda del ama de llaves, contemplaba la estufa sostenida sobre sus cuatro pies de hierro, tan voluntariosa como él mismo.

-¡Qué manera de crujir este cuerpo mío! -dijo-. ¿No me dejarán entrar? Es un deseo inocente, y nuestros deseos inocentes debieran verse cumplidos. Es mi mayor anhelo, el único que tengo; sería una injusticia que no se me permitiese satisfacerlo. Quiero entrar y apoyarme en ella, aunque tenga que romper la ventana.

-Nunca entrarás allí -dijo el mastín-. ¡Apañado estarías si lo hicieras!

-Ya casi lo estoy -dijo el hombre-; creo que me derrumbo.

El hombre de nieve permaneció en su lugar todo el día, mirando por la ventana. Al anochecer, el aposento se volvió aún más acogedor. La estufa brillaba suavemente, más de lo que pueden hacerlo la luna y el sol, con aquel brillo exclusivo de las estufas cuando tienen algo dentro. Cada vez que le abrían la puerta escupía una llama; tal era su costumbre. El blanco rostro del hombre de nieve quedaba entonces teñido de un rojo ardiente, y su pecho despedía también un brillo rojizo.

-¡No resisto más! -dijo-. ¡Qué bien le sienta eso de sacar la lengua!

La noche fue muy larga, pero al hombre no se lo pareció. La pasó absorto en dulces pensamientos, que se le helaron dando crujidos.

Por la madrugada, todas las ventanas del sótano estaban heladas, recubiertas de las más hermosas flores que nuestro hombre pudiera soñar; sólo que ocultaban la estufa. Los cristales no se deshelaban, y él no podía ver a su amada. Crujía y rechinaba; hacía un tiempo ideal para un hombre de nieve, y, sin embargo, el nuestro no estaba contento. Debería haberse sentido feliz, pero no lo era; sentía nostalgia de la estufa.

-Es una mala enfermedad para un hombre de nieve -dijo el perro-. También yo la padecí un tiempo, pero me curé. ¡Fuera, fuera! Ahora tendremos cambio de tiempo.

Y, efectivamente, así fue. Comenzó el deshielo.

El deshielo aumentaba, y el hombre de nieve decrecía. No decía nada ni se quejaba, y éste es el más elocuente síntoma de que se acerca el fin.

Una mañana se desplomó. En su lugar quedó un objeto parecido a un palo de escoba. Era lo que había servido de núcleo a los niños para construir el muñeco.

-Ahora comprendo su anhelo -dijo el perro mastín-. El hombre tenía un atizador en el cuerpo. De ahí venía su inquietud. Ahora la ha superado. ¡Fuera, fuera!

Y poco después quedó también superado el invierno.

-¡Fuera, fuera! -ladraba el perro; pero las chiquillas, en el patio, cantaban:

Brota, asperilla, flor mensajera;
cuelga, sauce, tus lanosos mitones;
cuclillo, alondra, envíennos canciones;
febrero, viene ya la primavera.
Cantaré con ustedes
y todos se unirán al jubiloso coro.
¡Baja ya de tu cielo, oh, sol de oro!
¡Quién se acuerda hoy del hombre de nieve!



Los músicos de Bremen
Jacob Karl Grimm y Wilhelm Grimm




Un hombre tenía un burro que, durante largos años, había estado llevando sin descanso los sacos al molino, pero cuyas fuerzas se iban agotando, de tal manera que cada día se iba haciendo menos apto para el trabajo. Entonces el amo pensó en deshacerse de él, pero el burro se dio cuenta de que los vientos que soplaban por allí no le eran nada favorables, por lo que se escapó, dirigiéndose hacia la ciudad de Bremen. Allí, pensaba, podría ganarse la vida como músico callejero. Después de recorrer un trecho, se encontró con un perro de caza que estaba tumbado en medio del camino, y que jadeaba como si estuviese cansado de correr.

-¿Por qué jadeas de esa manera, cazadorcillo? -preguntó el burro.

-¡Ay de mí! -dijo el perro-, porque soy viejo y cada día estoy más débil y, como tampoco sirvo ya para ir de caza, mi amo ha querido matarme a palos; por eso decidí darme el bote. Pero ¿cómo voy a ganarme ahora el pan?

-¿Sabes una cosa? -le dijo el burro-, yo voy a Bremen porque quiero hacerme músico. Vente conmigo y haz lo mismo que yo; formaremos un buen dúo: yo tocaré el laúd y tú puedes tocar los timbales.

Al perro le gustó la idea y continuaron juntos el camino. No habían andado mucho, cuando se encontraron con un gato que estaba tumbado al lado del camino con cara avinagrada.

-Hola, ¿qué es lo que te pasa, viejo atusabigotes? -preguntó el burro.

-¿Quién puede estar contento cuando se está con el agua al cuello? -contestó el gato-. Como voy haciéndome viejo y mis dientes ya no cortan como antes, me gusta más estar detrás de la estufa ronroneando que cazar ratones; por eso mi ama ha querido ahogarme. He conseguido escapar, pero me va a resultar difícil salir adelante. ¿Adónde iré?

-Ven con nosotros a Bremen, tú sabes mucho de música nocturna, y puedes dedicarte a la música callejera.

Al gato le pareció bien y se fue con ellos. Después los tres fugitivos pasaron por delante de una granja; sobre el portón de entrada estaba el gallo y cantaba con todas sus fuerzas.

-Tus gritos le perforan a uno los tímpanos -dijo el burro-, ¿qué te pasa?

-Estoy pronosticando buen tiempo -dijo el gallo-, porque hoy es el día de Nuestra Señora, cuando lavó las camisitas del Niño jesús y las puso a secar. Pero como mañana es domingo y vienen invitados, el ama, que no tiene compasión, ha dicho a la cocinera que me quiere comer en la sopa. Y tengo que dejar que esta noche me corten la cabeza. Por eso aprovecho para gritar hasta desgañitarme, mientras pueda.




-Pero qué dices, cabezaroja -dijo el burro-, mejor será que te vengas con nosotros a Bremen. En cualquier parte se puede encontrar algo mejor que la muerte. Tú tienes buena voz y si vienes con nosotros para hacer música, seguro que el resultado será sorprendente.

Al gallo le gustó la proposición, y los cuatro siguieron el camino juntos.

Pero Bremen estaba lejos y no podían hacer el viaje en un sólo día. Por la noche llegaron a un bosque en el que decidieron quedarse hasta el día siguiente. El burro y el perro se tumbaron bajo un gran árbol, mientras que el gato y el gallo se colocaron en las ramas. El gallo voló hasta lo más alto, porque aquél era el sitio donde se encontraba más seguro. Antes de echarse a dormir, el gallo miró hacia los cuatro puntos cardinales y le pareció ver una lucecita que brillaba a lo lejos. Entonces gritó a sus compañeros que debía de haber una casa muy cerca de donde se encontraban. Y el burro dijo:

-Levantémonos y vayamos hacia allá, pues no estamos en muy buena posada.

El perro opinó que un par de huesos con algo de carne no le vendrían nada mal. Así que se pusieron en camino hacia el lugar de donde venía la luz. Pronto la vieron brillar con más claridad, y poco a poco se fue haciendo cada vez más grande, hasta que al fin llegaron ante una guarida de ladrones muy bien iluminada. El burro, que era el más grande, se acercó a la ventana y miró hacia el interior.

-¿Qué ves, jamelgo gris? -preguntó el gallo.

-¿Que qué veo? -contestó el burro-, pues una mesa puesta, con buena comida y mejor bebida, y a unos ladrones sentados a su alrededor que se dan la gan vida.

-Eso no nos vendría mal a nosotros -dijo el gallo.

-Sí, sí, ¡ojalá estuviéramos ahí dentro! -dijo el burro.

Entonces se pusieron los animales a deliberar sobre el modo de hacer salir a los ladrones; y al fin hallaron un medio para conseguirlo.

El burro tendría que alzar sus patas delanteras hasta el alféizar de la ventana; luego el perro saltaría sobre el lomo del burro; el gato treparía sobre el perro, y, por último, el gallo volaría hasta ponerse en la cabeza del gato. Una vez hecho esto, y a una señal convenida, empezaron los cuatro juntos a cantar. El burro rebuznaba, el perro ladraba, el gato maullaba y el gallo cantaba. Luego se arrojaron por la ventana al interior de la habitación rompiendo los cristales con gran estruendo. Al oír tan tremenda algarabía, los ladrones se sobresaltaron y, creyendo que se trataba de un fantasma, huyeron despavoridos hacia el bosque.

Entonces los cuatro compañeros se sentaron a la mesa, dándose por satisfechos con lo que les habían dejado los ladrones, y comieron como si tuvieran hambre muy atrasada.

Cuando acabaron de comer, los cuatro músicos apagaron la luz y se dedicaron a buscar un rincón para dormir, cada uno según su costumbre y su gusto. El burro se tendió sobre el estiércol; el perro se echó detrás de la puerta; el gato se acurrucó sobre la cocina, junto a las calientes cenizas, y el gallo se colocó en la vigueta más alta. Y, como estaban cansados por el largo camino, se durmieron enseguida. Pasada la medianoche, cuando los ladrones vieron desde lejos que en la casa no brillaba ninguna luz y todo parecía estar tranquilo, dijo el cabecilla:

-No deberíamos habernos dejado intimidar.

Y ordenó a uno de los ladrones que entrara en la casa y la inspeccionara. El enviado lo encontró todo tranquilo. Fue a la cocina para encender una luz y, como los ojos del gato centelleaban como dos ascuas, le parecieron brasas y les acercó una cerilla para encenderla. Mas el gato, que no era amigo de bromas, le saltó a la cara, le escupió y le arañó. Entonces el ladrón, aterrorizado, echó a correr y quiso salir por la puerta trasera. Pero el perro, que estaba tumbado allí, dio un salto y le mordió la pierna. Y cuando el ladrón pasó junto al estiércol al atravesar el patio, el burro le dio una buena coz con las patas traseras. Y el gallo, al que el ruido había espabilado, gritó desde su viga:

-¡Kikirikí!

Entonces el ladrón echó a correr con todas sus fuerzas hasta llegar donde estaba el cabecilla de la banda. Y le dijo:

-¡Ay! En la casa se encuentra una bruja horrible que me ha echado el aliento y con sus largos dedos me ha arañado la cara. En la puerta está un hombre con un cuchillo y me lo ha clavado en la pierna. En el patio hay un monstruo negro que me ha golpeado con un garrote de madera. Y arriba, en el tejado, está sentado el juez, que gritaba: «¡Traedme aquí a ese tunante!». Entonces salí huyendo.

Desde ese momento los ladrones no se atrevieron a volver a la casa, pero los cuatro músicos de Bremen se encontraron tan a gusto en ella que no quisieron abandonarla nunca más. Y el último que contó esta historia, todavía tiene la boca seca.

Tomados de: www.rinconcastellano.com




jueves, 14 de marzo de 2013

Diptongo - triptongo - hiato.

Encontrarán aquí algunos apuntes sobre la temática que próximamente desarrollaremos en clase.

Diptongo, triptongo, hiato


Las vocales, combinadas en la sílaba, pueden formar diptongo, triptongo y hiato.
Diptongo es la combinación de dos vocales en una sola sílaba.
Una de esas vocales debe ser la I o la U, pero sin acento tónico (o sea, no debe cargarse la voz en la vocal al pronunciar correctamente la palabra que la lleva).
Hay catorce combinaciones que forman diptongo:
aipai-sa-jeai-resbai-lan-do
aupau-sajau-lalau-rel
eirein-ci-dirpei-narrei-nar
eureu-niónEu-ro-paseu-dó-ni-mo
oihe-roi-cossoispa-ra-noi-co
ouSou-zabouCou-to
iama-giaha-ciade-sa-fia-do
ienie-vevier-tesiem-te
iovio-le-tavi-cioo-dio
iutriun-farciu-dadviu-da
uacua-tasguar-dacuam-do
uecuen-tapue-blore-sue-na
uirui-docui-dara-mi-gui-tos
uoan-ti-guoa,-bi-guocons-pi-cuo

Los diptongos se dividen en crecientes, decrecientes y homogéneos.
Crecientes:  los que empiezan por vocal cerrada (i, u), porque al pronunciarlos aumenta la abertura de la vocal desde /i/  o   /u/ hasta la siguiente vocal, son:
ieiaiouaueuo

Decrecientes:  los que terminan en vocal cerrada y son:
aieioiaueuou

Homogéneos: los que empiezan y terminan por vocal cerrada, son:
iuui

NOTA IMPORTANTE: Si una de las vocales, la I  o  la U, va acentuada, no existe diptongo, se separa en sílabas distintas  y esa letra o fonema debe llevar una tilde (o sea, debe marcarse el acento tónico con la tilde para convertirse en acento escrito):
guí-aha-cí-aca-pi-cú-a
a-tri-bu-í-arí-obo-hí-osom-brí-o

Triptongo: es la combinación, en una sola sílaba, de tres vocales. La Real Academia de la Lengua, en su "Ortografía", define el triptongo como "el conjunto de tres vocales que se pronuncian en una misma sílaba. Los triptongos están formados por una vocal abierta (a, e, o) que ocupa la posición intermedia entre dos vocales cerradas (i, u), ninguna de las cuales puede ser tónica".
Según esta definición, pueden darse las siguientes combinaciones para formar un triptongo:
iauiaiuaiuauieuiei
ueiueuiouioiuoiuou

Algunas de ellas no se dan en ninguna palabra, por ello, las más usadas en español son:
iaia-viáis ex-piáis a-so-ciáis
ieia-viéis ex-piéis a-so-ciéis
uaia-mor-ti-guáis a-tes-ti-guáis a-ve-ri-guáis
ueia-mor-ti-güéis a-tes-ti-güéis a-ve-ri-güéis
ioid-ioi-co

Hiato es el encuentro de dos vocales que no forman diptongo y que, por tanto, pertenecen a dos sílabas distintas.
ACENTUACIÓN DE DIPTONGOS Y TRIPTONGOS
Si el acento tónico (el que se “marca cargando la voz”) cae en una sílaba que forma diptongo triptongo,
la tilde (que “marca” el acento escrito) ha de escribirse en la vocal más abierta:
parabiénviático  huérfano
miráis huésped  vuélvase
estudiáissantiguáisaveriguáis
asociéis  diócesismoviéndose

Si el diptongo es ui o iu, la tilde se coloca sobre la última vocal.  Se exceptúan las palabras llanas como fluido, reina, huida, etc.:
cuídesearruínelosustituí

No se coloca tilde en diptongos de monosílabos verbales:
diofuifuevio

CUANDO HAY DOS VOCALES EN HIATO
Cuando el acento recae en una vocal que está en hiato con otra, se pone tilde o no, según las reglas generales:
peónpoeta teatropoético

Si la vocal tónica en hiato es una i o una u, siempre llevará tilde:
vacíohacíabaúlataúd
raízreírtranvíacaída
maízMaría freírveníamos
continúocapicúaganaríasgarúa
Es propiedad: www.profesorenlinea.cl - Registro Nº 188.540

http://www.reglasdeortografia.com/acdiptongohiato01.html

http://lalengua.info/wp-content/uploads/2008/02/ejercicios-diptongos-e-hiatos.pdf